“Tú fuiste como todas las mujeres, ni mejor ni peor” (id, 176).
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#240
“¡Mis noches ya no eran triunfantes , como aquellas noches tropicales perfumadas por la pasión de la Niña Chole! María Antonieta soltóse de mis brazos y entró en su tocador. Yo esperé algún tiempo, y después la segui: Al rmor de mis pasos, la miré huir toda blanca, y ocultarse entre los cortinajes de su lecho: Un lecho antiguo de lustroso nogal, tálamo clásico donde los viejos matrimonios navarros dormían hasta llegar a viejos, castos, sencillos, cristianos, ignorantes de aquella ciencia vopultuosa que divertía el ingenio maligno, y un poco teológico, de mi maestro el Aretino. María Antonieta fue exigente como una dogaresa, pero yo fui sabio como un viejo cardenal que hubiese aprendido las artes secretas del amor, en el confesionario y en una Corte del Rancimiento” (id, 117).
#239
“¡Lloré como un Dios antiguo al extinguirse su culto!” (Valle-Inclán, 1975: 86).
VALLE-INCLÁN, Ramón Del (1975). Sonata De Otoño Y Sonata De Invierno. Madrid: Editorial Espasa-Calpe.
#238
“Yo, que en el fondo de aquellos ojos creía ver siempre el enigma oscuro de su traición, no podía ignorar cuánto cuesta acercarse a los altares de Venus Turbulenta. Desde entonces compadezco a los desgraciados que, engañados por una mujer, se consumen sin volver a besarla. Para ellos será eternamente un misterio la exaltación gloriosa de la carne” (id, 162).
#237
“Quise primeiro que la Niña Chole se destrenzase el cabello, y vestido el blanco hipil me hablase en su vieja lengua, como una princesa prisionera a un capitán conquistador. Ella obedició sonriendo. Yo la tenía en mis brazos, y las palabras más bellas y musicales las besaba, sin comprenderlas, sobre sus labios” (id, 141).
#236
“Palpitante de miedo, se refugiaba en mis brazos. Mis manos, distraídas y paternales, comenzaron a desflorar sus senos. Ella, suspirando, entornó sus ojos, y celebramos nuestras bodas con siete copiosos sacrificios que ofrecimos a los dioses como el triunfo de la vida” (id, 120).
#235
“Lo mejor de la santidad son las tentaciones.” (Valle-Inclán, 1963: 21).
VALLE-INCLÁN Ramón Del (1963). Sonata De Primavera Y Sonata De Estío. Madrid: Editorial Espasa-Calpe.
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